Viernes, 26 Septiembre 2014 00:00

Volcán Villarrica

El volcán Villarrica (en mapudungun: Ruka Pillañ, 'casa del pillán') es un estratovolcán chileno de 2.847 msnm —2.450 m, contando desde la base— ubicado en los Andes meridionales.

Está situado en el límite de las provincias de Cautín (Región de la Araucanía) y Valdivia (Región de Los Ríos), en Chile, entre los lagos Villarrica y Calafquén. Es uno de los más activos de Sudamérica, y tiene una forma cónica casi perfecta.

El volcán tiene un nutrido historial de actividad eruptiva, que ha quedado reflejado en la tradición oral y la mitología de la nación mapuche.

El volcán Villarrica o Rucapillán en la cosmovisión mapuche

El pueblo mapuche, del cual hasta hoy varias comunidades habitan en las inmediaciones del cono, consideraba al Ruka Pillañ ("casa del pillán"), tal como indica el nombre, morada de un pillán, espíritu mayor de su panteón ya que, las entrañas y calderas del Villarrica son regidas por un espíritu principal de la naturaleza, un ngen, el cual es tutelar y propietario del volcán. Este tipo de ngen es también conocido como ngen-winkul o espíritu de los volcanes y cerros. Junto a esta presencia tutelar, en el Villarríca habitaría una corte de pillanes, espíritus menores en relación al ngen, pero sumamente poderosos.

Según los testimonios recogidos por la antropología, el Villarrica y los espíritus que lo habitan ocupan un lugar muy determinado en la cosmovisión mapuche. Su simbolismo es claro: está asociado a lo bueno, en oposición al volcán Llaima, que es considerado el volcán asociado al mal". Mientras el propicio Rucapillán inspira sueños benéficos y "buen tiempo", el Llaima transmite a los durmientes malos augurios. El Villarrica se relaciona simbólicamente un grupo de otros elementos afiliados a lo positivo; los colores violeta y verde, la Luna, las estrellas en general (que excluyen al negativo cherufe o aerolito), el Sur y el Oriente.

Primeros registros históricos

La actividad del volcán comenzó a ser registrada -desde el punto de vista europeo- a partir del establecimiento de conquistadores españoles en la zona, con la fundación de la ciudad Villarrica en 1552. Pero este frágil asentamiento debió finalmente ser abandonado en 1602, a raíz de las victorias mapuches en la Guerra de Arauco. Con esto, la observación del volcán por testigos occidentales (y el consecuente registro escrito de sus posibles erupciones) se interrumpió. Aunque fue avistado de cuando en cuando por misioneros y otras incursiones españolas, que además recibieron informes esporádicos de parte de la población mapuche, y el resultado de esta cadena de informaciones no fue siempre preciso.

La polémica gran erupción de 1640

En febrero de 1640, cuando el gobernador Marqués de Baides se internaba en el territorio intentando organizar el Parlamento de Quilín para pactar la paz con los mapuches, se sintió un estruendo tan potente que fue escuchado -por ejemplo- en el fuerte de Yumbel (a 260 km del volcán Villarrica), donde se creyó que provenía de descargas de artillería de alguna otra fortificación de la frontera. Pero después llegó la noticia de que en la comarca comandada por el lonco Aliante había hecho erupción un volcán de manera sumamente intensa. Tanto que los cerros se "partieron" (aparente referencia a un derrumbe o lahar) y provocaron que el Lago Villarrica se rebalsara, inundando gran cantidad de poblados indígenas, lo que obligó a muchas personas a huir hacia sitios elevados.

El hecho fue narrado primero por el jesuita Alonso de Ovalle en un folletín que se publicó en Madrid, donde se encontraba comisionado por su congregación, dos años después de los hechos, basado en la descripción que le remitió el provincial de su orden en Chile. Su pintoresco relato está salpicado de referencias a supuestos signos sobrenaturales que habrían manifestado la pretendida voluntad divina de que los mapuches se rindieran de una vez al "suave yugo de la cruz y ley evangélica por medio de la obediencia y sujeción a nuestro católico rey". Estos adiciones sobrenaturales al relato están en consonancia con el hecho de que la iniciativa de paz del Marqués de Baides era aconsejada por sacerdotes de misma orden religiosa que Ovalle. De hecho, según Ovalle, el desastre predispuso a los indígenas a aceptar el parlamento.

Pero el registro hace referencia a un dato que parece contradictorio con la posibilidad de que la erupción ocurriera en el Villarrica. El autor dice que el Río Allipén fue contaminado por los materiales volcánicos, incluso que "ardían las aguas de manera que cocieron cuanto pescado había en él". Y agrega que esta contaminación se trasmitió al Río Toltén, del que el Allipén es afluente. Pero el caso es que el curso del Allipén no está conectado con el Volcán Villarrica, a diferencia del Toltén, que nace del lago homónimo, sino que pasa por las cercanías del Volcán Llaima. Por lo que el relato de Alonso Ovalle es impreciso en alguna de sus partes (sobre la inundación del lago o la contaminación del río) o refleja una confusión acerca de los nombres de los lugares, o hace referencia a dos erupciones distintas.

Quien dice haber sido testigo de primera mano de esta gran erupción fue el jesuita Diego de Rosales, que la relató en su Historia General Del Reino de Chile, Flandes Indiano, un manuscrito aparentemente finalizado una década después del suceso, pero que permaneció inédito hasta el siglo XIX. En la versión de Rosales la erupción tuvo lugar en un volcán que él llama Aliante (el mismo nombre que Ovalle da al cacique de la zona del Villarrica). Su relato concuerda en la fecha (febrero de 1640) y en las grandes dimensiones del evento. Dice que el estruendo se oía a 30 leguas (165 km a lo menos) y que la erupción "voló disformes peñascos, despedazó cerros", "terraplenó lagunas", represó ríos y que éstos se desbordaron en diferentes puntos, "corriendo sus aguas calientes de las piedras y cenizas y espesas como lejía". También refiere que los peces "cociéronse" y que los "riscos ardían como leña seca".

El historiador Benjamín Vicuña Mackenna, en el prefacio de la primera edición la obra de Rosales, afirma que el episodio se refiere al Llaima, pero no aporta los argumentos en los que basa esta conclusión. Pero bastaría agregar que el mismo Rosales diferencia el Villarrica del Aliante que, dice, se encuentra frente a la región de Boroa y La Imperial, descripción que más coincide con el Llaima. En tanto que Barros Arana y Claudio Gay asocian el evento con el Villarrica.

Primera ascensión

Una expedición del Ejército de Chile ingresó en el territorio en 1882, refundando Villarrica al año siguiente, en el contexto de la Ocupación de la Araucanía.

En medio de esta campaña militar, en 1883, un grupo comisionado por la Oficina Hidrográfica de la Marina Nacional, intentó el primer ascenso registrado del volcán. La partida era dirigida por el oficial naval Álvaro Bianchi Tupper. Lo acompañó su segundo, Gaspar García Quintana, un oficial de Ejército, Francisco Subercaseaux Latorre, y un guía chileno, Marcial Avilés, que se había establecido entre la población mapuche 25 años antes. Esta ascensión, según relata Subercaseaux, no logró cumplir su cometido, al no poder avanzar a través de un "ventisquero" que encontraron en su ruta, cuando ya se encontraban a unos 2200 msnm. En este predicamento, Bianchi rodó largamente ladera abajó, hasta que logró clavar un bastón en la nieve. Tras sufrir este incidente, la expedición -que no estaba formada por montañistas expertos- decidió realizar las mediciones topográficas (que eran su objetivo principal) y abandonar el ascenso.

Las erupciones recientes más importantes registradas desde entonces ocurrieron en 1948-49, 1963, 1964, 1971, 1984-85 y 2015